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domingo, 18 de noviembre de 2007

La Boqueria

Ha sido catalogado como uno de los mejores mercados del Mundo y ciertamente debo corroborar, sin minusvalorar otros mercados, que La Boqueria es un placer simultáneo para la vista y para la compra. Es muy difícil no encontrar lo que se busca, ya sea un producto exótico o un servicio especial de la pescadería o la carnicería.

La Boquería está situada en un lateral de la Rambla que es la vía emblemática de Barcelona. La mayoría de ciudades y pueblos de Cataluña disponen de una Rambla que es un paseo, arbolado o no, de cierta tranquilidad circulatoria y predispuesta por tanto al paseo calmado. El término "rambla" es de origen árabe y viene a significar un cauce seco que en caso de lluvia intensa se convierte en rio improvisado. El por qué precisamente se denomina Rambla a esa calle de Barcelona es un poco incierto ; sin negarle el origen árabe se empezó a aplicar cuando ya hacía muchos siglos que los árabes habían abandonado la ciudad tras un breve y débil periodo de ocupación. La Rambla de Barcelona une la Plaza de Cataluña con el Puerto Antiguo y cuenta con enclaves tan emblemáticos como el Monumento a Colón, el Museo de Cera, el Liceo y la misma Boquería. Es por tanto un lugar de obligada visita para el turista que además se siente poderosamente atraido por las paradas de flores y animales de compañía y, sobretodo, por la fauna variopinta que jalona cada paso. Por poner un símil modernillo, es la meca de la frikilandia barcelonesa.


Creo que precisamente ese tráfico de turistas es el que ha relanzado la Boquería hasta llevarla a la estratosfera de los Mercados. Al principio fueron algunos japoneses que se paraban ante la portalada para fotografiarla y luego fueron, uno, dos, tres mil extranjeros que se atrevieron a atravesar la puerta y se quedaron embelesados en las lujuriosas paradas de frutas, pescados, verduras y todo lo imaginable que uno pueda echarse a la boca. Para un mediterráneo La Boquería no es básicamente diferente a los miles de mercados que podemos encontrar en Palermo, Niza, Pafos o Gozo, pero para un nórdico los abigarrados tenderetes y las interpelaciones de los vendedores tienen un encanto irresistible. Digo básicamente porque si algo tiene La Boquería que lo diferencia del resto de hermanos del Mediterráneo es su barroca exhibición de alimentos capaz de satisfacer al gourmet más refinado - una vez coincidí en la misma parada con Ferrán Adriá del Bulli - y su capacidad, enorme capacidad y hasta diría agilidad, para saber encajar con veneciana astucia los cambios comerciales que nos afectan a todos. Alguien de una parada de fruta entendió que los extranjeros poco iban a comprar y aparte de fama, menos iban a reportar. Así que se le ocurrió poner en un taper de usar y tirar una macedonia de frutas exóticas que vendía muy bien a los guiris porque era de consumo inmediato. ¿Que en el barrio hay muchos inmigrantes ? Pues adaptamos la dependencia - ahora en gran parte de procedencia extranjera - y también la oferta. La casquería volvía a recuperarse gracias a los inmigrantes sudamericanos y se ampliaba la oferta halal. En una época en que los mercados municipales luchaban por sobrevivir La Boquería se abría un hueco en el futuro.
Aparte de consideraciones históricas o sentimentales, a nivel comprador se agradece encontrar una oferta desmesurada donde se puede literalmente encontrar de todo y sobretodo a buen precio. Y cuando digo buen precio no se trata de "buen precio para la calidad que ofrecen" sino un precio - hay de todo, evidentemente - que puede competir con las grandes superficies. De hecho mi mayor sufrimiento - y por lo cual evito ir en ocasiones a La Boquería - es la frustración de ver demasiadas cosas y empezar a divagar comprando lo que no necesito. Me gustaría ir como los caballos de tiro, con dos parches a lado y lado de los ojos para ir directo al grano. Pero claro, no se puede.

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